jueves, 5 de marzo de 2015

Reseña de: La Ciudad al final del tiempo


Título original: City at the End of Time
Autor: Greg Bear
Género: Ciencia Ficción, Fantasía

Sinopsis: Tras algunos tecnothrillers muy bien recibidos por parte de crítica y público, Greg Bear vuelve a sus orígenes, a la mejor ciencia ficción con ideas brillantes, en este caso en torno a la pregunta acerca de lo que ocurre al final de todas las cosas.

Un billón de años en el futuro, el Kalpa es la ciudad al final del tiempo, el único reducto de una realidad menguante ante el feroz empuje del caos que representa el Tifón. Allí, el Bibliotecario y sus “angelines” manejan, en su intento de salvar la realidad, un tiempo dilatado pero finito. Gracias a unas misteriosas piedras “sumadoras” que actúan como talismanes y establecen extrañas conexiones, dos personajes del Kalpa, Jebrassy y Tiadba, entran en contacto con unos desarraigados habitantes de la actual Seattle. Sin siquiera imaginarlo, los incomprendidos soñadores Ginny, Jack y Daniel tal vez estén llamados a ser los salvadores de  un futuro distante y condenado.

Una novela sorprendente con un nivel de especulación sumamente original. Un trabajo tan desafiante e imaginativo como sólo puede esperarse de la mejor ciencia ficción.




La primera impresión que me dejó el final fue “Wow”, después fue “Ñam”. Y como siempre, no sé cómo empezar. Y esta vez no es fácil empezar por el principio.

Empezaré con los problemas.
Esta es una novela dolorosamente lenta, debe haberme tomado dos semanas leerlo, y porque resistí el impulso de dejarla unos días para leer algo más y refrescarme el cerebro. Greg Bear cayó en una de las trampas que odio de la ciencia ficción, osea que se dejó llevar por el encanto de las palabras difíciles. 
Tal vez a otra gente le guste leer palabras como “vectorial” en un contexto extraño, algo como “lago vectorial” (él escribió esto, lo juro), pero a mí no. No sé qué se supone que deba entender por eso, realmente pienso que no significa nada. Es una complicación innecesaria y sin sentido. Y no entiendo por qué es un recurso válido… ¿las licencias artísticas no tienen límite? En lugar de escribir sobre una ciudad al final del tiempo, Greg Bear debió escribir sobre un texto al final de la coherencia.

Mi favorito, sus personajes. Esta novela ocurre al mismo tiempo en la actualidad y en un futuro ridículamente lejano. La humanidad pobló el cosmos, cambió, aprendió a manipular la materia y esto da paso a formas de inteligencia inimaginables: Asures (que no nos describe), Endolones (que nos dice que están hechos de materia “nöotica”, lo que eso signifique), Shen (alguna forma de vida que no tiene nada que ver con la humanidad), Custodios y Restauradores (nöoticos también, ¿pero menores?), progenies (¿monos? ¿Es esto un guiño al planeta de los simios?), musas… y es todo lo que sabemos al respecto. 
Fuera de eso, son personas comunes, no hay diferencia, ni de acción ni de pensamiento, aunque da referencias vagas a que la materia “nöotica” da mayor capacidad de “almacenamiento de historia”.

Sobre su mundo, o bien, su “espacio-tiempo”. En los dos extremos temporales de este libro no hay nada malo. En el futuro hay muchas palabras grandes y malvadas y lugares y seres vagamente descritos. En el presente hay personas igual de misteriosas, experimentando cosas fantasiosas y tratando de seguir con sus vidas llenas de saltos en el destino y gatos y señoras.
Luego se juntan, llega el Caos (el villano, por cierto se llama Tifón y se divierte tonteando con la realidad) y hace una revoltura imposible de entender. Mientras escribía el clímax Greg Bear debió hacer uso de toda la irracionalidad que había en su mente para describir un entorno confuso, sin sentido, amenazador y muchas cosas más para que lo leyeras y no te acordaras de nada.

No sé ni cómo dejar de quejarme. Tal vez el objetivo era recrear el caos del que tanto escribió. Si la idea era confundir a sus lectores, Greg Bear es un maestro. Pero como a mí me gusta leer una historia que se entienda, pues no me pareció tan buen libro.

¿Lo bueno? Pues que Greg Bear es listo y es creativo. Pudo pensar en un millón de cosas y se las ingenió para escribirlas todas juntas. Es una especulación muy creativa, ¿qué pasa cuando el universo deja de tener sentido? Pues que te sale un libro muy raro.



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