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sábado, 12 de marzo de 2016

Reseña || Stardust

Título original: Stardust
Autor: Neil Gaiman
Traducción: Ernest Riera
Libro: Autoconclusivo
Formato: Tapa blanda
Páginas: 224
Género: Ficción, Fantasía


Sinopsis: El joven Tristan Thorn está dispuesto a hacer cualquier cosa para conquistar el frío corazón de su amada Victoria, incluso a prometerle que le conseguirá la estrella que ambos ven caer una noche. Para cumplir su palabra, Tristan deberá cruzar el muro que separa su pueblo del País de las Hadas, un vasto territorio donde nada se parece a lo que él ha conocido, donde ni siquiera las estrellas tienen forma de estrella y donde los duendes y espectros campan a sus anchas. En ese mágico lugar, el joven no sólo hará cambiar su futuro, sino que también descubrirá cosas de su pasado que no podía imaginar. Con la ayuda de un unicornio, un barco pirata que surca el cielo, un árbol muy sabio y una florecita de cristal...¿conseguirá Tristan el amor de su dama?
Había estado evitando escribir ésta reseña por dos razones. La primera, y más importante, es que no quiero decir que no me gustó; porque básicamente sí me gustó, pero Neil usó mucho esa estrategia de narración en la que te cuenta en pasado y con pocas palabras todo lo que pasó. Así, sin un besito. La segunda, y la más cercana a mi corazón, es que tardé muchísimo tiempo en encontrarlo en la biblioteca y me rehusaba a entregarlo. La excusa más sencilla era fingir que lo ocupaba para hacer la reseña y lo tuve en mi escritorio como una semana.

Y así pasaban los días, y las semanas, y así pasaron también los años. Por un proceso de ósmosis, de chistes verdes, secretos susurrados y adivinanzas obscenas, Tristan supo del sexo a los catorce años. Cuando tenía quince se hizo daño en el brazo por caer del manzano que había junto a la casa del señor Thomas Forester; en concreto, del manzano que daba a la ventana del dormitorio de la señorita Victoria Forester, desde donde sólo había podido entrever un destello rosado y confuso de Victoria, que tenía la edad de su hermana y era, sin duda alguna, la chica más hermosa en cien leguas a la redonda.